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[Jul. 31st, 2009|01:38 am] |
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Hace mucho que no actualizo.. y la verdad es que cada vez se actualiza menos en mi página de amigos!! Esto del livejournal está cayendo por los Tuenti y similar... En fin. Como ya dije, terminé el curso, y sigo con las mismas ganas que entonces de irme lejos, lejos, lejos. A otra ciudad, con otra gente, otro conservatorio (y casi otra flauta, porque hoy la he recogido del mecánico y está como nueva). Lo que realmente voy a echar de menos es mi parroquia. Nunca había encontrado nada igual. La gente, los grupos, el ambiente, el pensamiento... es gente encantadora, y gente normal!! que parece imposibe encontrar eso en las parroquias. La semana pasada fuimos a Taizé. Es un pueblecito que está en Francia, cerca de Cluny. El pueblo en realidad no tiene nada para visitar (o algo, pero poco). Fuimos a unas jornadas de oración, o encuentros de oración, o encuentros cristianos, o a añadirnos a la vida de allí por una semana, no sé ni cuál es la forma más correcta de decirlo, porque, efectivamente, siempre que alguien intentaba explicarme qué era Taizé, nunca lo lograba. Existía allí un monasterio hace muchísimos años, y cuando llegó la II Guerra Mundial, se empezó a acoger a los refugiados que querían esconderse, sin preguntar procedencia ni religión. Allí se juntaron judíos, cristianos... En realidad poco importaba porque todos oraban juntos al mismo Dios. Tiempo después, se acabó afianzando como una especie de orden cristiana, que une estas religiones. La vida allí tiene unas actividades muy concretas. Hay tres oraciones diarias: antes del desayuno y de la comida, y después de la cena. En las oraciones se leen textos en diferentes idiomas, y se canta también en diferentes lenguas. En los libros de las canciones están escritas las partituras, para que cada uno cante la voz que le venga bien por tesitura (en Europa casi todo el mundo sabe cantar leyendo una partitura), y vienen las traducciones de las canciones. Amenudo se canta al mismo tiempo en diferentes idiomas, y sólo oyes la armonía, perfectamente afinada, y una mezcla de idiomas que te recuerda dónde estás (maravilloso). La comida es la necesaria, no más y no menos. Te dan la opción de repetir (hoy en día sí, hace veinte años no se podía), pero no es necesario, la dieta está diseñada por nutricionistas para que tenga la cantidad y variedad necesaria. Horario europeo, claro: desayuno a las 9:30, comida a la 1:00 y cena a las 7:00 (con merienda a las 5:00, es un lujo). Por la mañana, en la primera oración, se mezclan partes importantes de las misas ortodoxas, católicas, protestantes... Después del desayuno tenemos reflexión en grupo. Primero un hermano de Taizé (miembro de esta orden) hace una introducción sobre un texto, explicando el contexto y demás, y propone ciertas preguntas. Después nos dividimos en grupos de menos de 10, y nos vamos a cualquier sitio, fuera, y hablamos sobre el tema propuesto (o sobre lo que acabemos hablando). En el porche, en la hierba, bajo algún árbol, junto a las campanas... Después tenemos la oración de mediodía, algo más corta que la primera; comemos, a las 2 hay ensayo de cantos (a cuatro voces), y por la tarde ofrecen diferentes talleres sobre temas muy variados. Iconos pictóricos, rupturas personales, ecología y sostenibilidad... Merienda, más tiempo libre, y después la cena. Cena a las 7 de la tarde, de unas buenas lentejitas o cosas así (eso el primer día, para mentalizarnos...:P). Y después de la cena... la oración de la noche. Ésa era la mejor. No sé si por las canciones, porque veías oscurecer poco a poco desde dentro, porque acumulabas todo lo del día para pensar en ello por la noche... No sé por qué, pero era la mejor. Puede que también fuera porque esta vez no tenías que comer después, y podías quedarte todo el tiempo que quieieras allí. Cuando, después de irse los hermanos, la gente se iba levantando poco a poco y se iba yendo, se creaba ese vacío tan lleno que te llenaba a ti también. La iglesia era enorme, muy luminosa, toda de moqueta veige, todos descalzos sentados en el suelo (olvidé decir que es un encuentro enfocado a los jóvenes). Cuatro mil pesonas estábamos allí, cuatro mil jóvenes de todo el mundo cantando lo mismo, y sintindo lo mismo. No tiene precio. Y en esa magia, dentro de esa marea, ese micro clima, otra realidad. Allí la gente te sonríe únicamente porque sabe lo que nos une a todos. Allí no puedes si no ayudar al que tienes al lado sin pensar más que es lo único lógico, sin siquiera plantearte esperar que otro lo haga. Las habitaciones y tiendas de campaña estaban siempre abiertas, y nunca faltó nada. ¿Quién haría algo así en Taizé? Imposible. Y, en fin, por la noche... todos al Oyak. ¿Y qué es el Oyak? Lo primero que aprendes cuando vas allí... el bar de Taizé! Parece más un chiringuito de piscina municipal que un bar, pero el fin es lo mismo. Productos a precio de coste. Café 40cts, coca-cola de medio litro 80cts. Cerveza ni lo sé, pero casi te la regalan. Porque allí no ganan dinero ni siquiera con el alojamiento que pagamos. Nos piden lo exclusivo para el mantenimiento de lo que usamos. Cuando llegas y te explican el funcionamiento (pero no la magia, aunque lo intenten) eliges un "trabajo". Cocinar, limpiar, fregar, recoger, servir en el Oyak... Una hora y media diaria más o menos de trabajo, y entre todos es posible mantenerlo todo como nuevo. Incluso me sentí un poco mal porque uno de los trabajos es el de músico (al que, evidentemente, me apunté) y no tuvimos más que tres ensayos y el tocar el sábado por la noche y el domingo por la mañana. ¿Único inconveniente? Todo en inglés. Claro que no se si eso es un inconveniente o una simple demostración de la torpeza de los españoles. Españoles y un poco también los franceses. Porque el resto de gente hablaba en inglés sin ningún problema, y a cualquier edad. Chavales de 16 años que hablan inglés como si fuera su lengua. Y no sólo eso, sino que la gente aprende idiomas rapidísimo. En cuatro días un brasileño entendía perfectamente el castellano y lo mezclaba con el inglés al hablar, un portugués lo hablaba perfectamente (con fallos en los verbos irregulares y cosas así, pero sin problema para entender y entenderle), y una lituana acabó entendiendo en cuatro días el castellano y traduciéndoselo a su amiga al inglés. Así que, conclusión: tenemos que aprender inglés sin más excusas. Todas las introducciones, las reflexiones, los talleres... todo estaba en inglés. Esta vez tuvimos traductora, pero, no tiene nada que ver poder entender directamente al que habla. So... i´m practising a lot, because i´m talking everyday with the portugese, and he talk me in spanish and I talk him in english...
Y pronto volveremos a Taizé, sin duda.
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